El juego en el México antiguo

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El juego y la historia de la humanidad

El ser humano ha sentido desde hace miles de años atracción por el azar, por determinar un destino a través de un acto totalmente aleatorio. Intentar predecir el futuro para resolver las grandes preocupaciones y decisiones de peso de gobernantes, generales y gente corriente a través de oráculos y métodos de adivinación varios ha sido una constante en las civilizaciones antiguas (y quizá hoy perduren, a ver si no por qué se siguen publicando horóscopos diarios).

Esta fascinación por dejar nuestro destino en manos de unos pequeños objetos lanzados al azar (sean dados, runas, posos de té o naipes) se asociaba a la idea de que eran los dioses quienes determinaban la combinación o resultado y con ello la respuesta a nuestras preguntas. De ahí que el azar se siga teniendo en cuenta a la hora de dejar en sus manos nuestra suerte o fortuna y esto incluye… ¡nuestras ganancias! En ese contexto te vamos a hablar de los juegos de suerte y de habilidad en el México antiguo y su evolución a través de la historia.

Los juegos en la historia antigua de México

Si bien el juego más conocido en la actualidad de la antigüedad mexicana era el juego de la pelota (gracias al buen estado de conservación en el que han llegado hasta nuestros días algunas de sus canchas como las míticas de Chichén Itzá) son variados los juegos cuyas reglas y costumbres se han resistido a desaparecer.

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Patolli / Foto: Mexicolore.co.uk

El juego de la pelota desde luego es un caso aparte. Se considera como algo sagrado y representativo de la creación del universo, la separación de las tinieblas y la oscuridad -el bien y el mal- por parte de Hunahpú e Ixbalanqué, dos hermanos que más tarde se convertirían en la luna y el sol. En las principales ciudades de la época más floreciente de la cultura maya se construyeron canchas de juego de la pelota. Allí, además de recordar el carácter solemne otorga a este juego, florecieron las apuestas para mayor diversión de los asistentes.

Como quiera que jugar a la pelota requería unas condiciones físicas que obviamente la mayoría de la población no tenía a su alcance, se popularizaron juegos mucho más sencillos, juegos de mesa y de habilidad o azar que contribuyeron al entretenimiento y diversión de los aficionados. Te hablamos de los más populares, cuyas reglas han perdurado hasta la actualidad:

Patolli o juego de los frijoles: Aquí tenemos un precursor de los juegos de azar que se juegan con tablero cuadriculado. Se trataba de una zona de juego en forma de X y con 52 casillas. En lugar de dados se usaban frijoles perforados para indicar cuántos puntos se llevaba el jugador en cada tirada. Se han encontrado vestigios de tableros y partes del juego en Jalisco. El objetivo consistía en avanzar por el tablero de juego para poder volver a la casilla inicial.

Probablemente las fichas que movía cada jugador en este juego fueran piedras pequeñas de distintos colores. Este juego no era una excepción en la concepción mitológico-religiosa que tenían estas civilizaciones acerca de cualquier cosa y las cincuenta y dos casillas representaban el recorrido del sol en un ciclo completo (y que servía de orientación a sacerdotes y astrólogos). Quizá ahora nos parezca muy lejano pero si nos fijamos en las cuadrículas de una ruleta en un casino o en las casillas de un juego de la oca podemos concluir en que todo tiene un origen mucho más remoto de lo que imaginamos.

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Canicas / Foto: Mexicolore.co.uk

El Patolli quizá sea el más representativo de los juegos de puro azar o juegos con estrategia ligada a la probabilidad de obtener un número aleatorio, pero si nos fijamos en juegos que requiriesen una cierta habilidad encontramos el Tololoque, en el que los jugadores trataban de acertar el lanzamiento de una pelota haciéndola pasar por argollas levantadas sobre el suelo sobre bastones. El Cocoyocpatolli es parecido, pero se juega arrojando objetos más pequeños (usaban su imaginación: pequeñas piedras, piezas, semillas…) para colarlos por un agujero en el suelo y desde una distancia que diera emoción y requiriese habilidad.

Parecido al juego de las canicas era el Chichinoa, que combinaba destreza y puntería en el lanzamiento de pequeñas esferas hechas de materiales como el hueso. Tanto en el Chichinoa como en el Mapepena, lo que contaba era la rapidez con que se atrapaba las piezas lanzadas al aire antes de que tocaran suelo y podemos encontrar versiones modernas que se siguen jugando por los más pequeños hoy en día.

Si no nos fijamos en los materiales con que estaban realizados ni en la época en que se empezaron a jugar, vemos que estos juegos siguen de actualidad y que han variado relativamente poco. Será porque al ser humano ha encontrado una fórmula de entretenimiento que realmente funciona y no requiere de grandes cambios. Y es que además de la fantasía del que espera ganar, que llena por un momento de sensaciones de esperanza y de ilusión; los humanos jugamos para socializar y competir sin más consecuencias con nuestros amigos o contra desconocidos . Así nos damos por unos momentos una dosis extra de adrenalina (ya sea en la sobremesa en casa o en un bonito casino).