Historia de la Ruleta Francesa

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Origen de la ruleta francesa

La Ruleta es uno de los juegos que viene acompañando al ser humano desde siglos atrás, no como la conocemos ahora, naturalmente, debido a la evolución que fue sufriendo durante el paso del tiempo. Existen referencias de la época del Imperio Romano o la Antigua China que mencionan juegos de azar en los que una pequeña bola se hace girar en una rueda dividida en secciones hasta caer en una, decidiendo así el resultado de una apuesta. Suponemos que, como ya os comentamos al hablar del origen de otros juegos, el hecho de que el giro del artilugio determinara tu suerte estableció en las mentes de los más antiguos jugadores alguna conexión entre el azar, el destino y hasta los propios dioses.

Siendo ya un juego popular, fue el francés Blaise Pascal quien ideó a mediados del siglo XVII la ruleta moderna. Gracias a la formación de este gran estudioso como matemático y físico, aplicando teorías de la probabilidad, diseñó el juego partiendo de su forma más básica, fabricando la mesa con un tapete fijo que incluía el tablero de las apuestas y la ruleta con su mecanismo. A su vez, dejó definidos los distintos tipos de apuestas sobre el tapete y la colocación de los 36 números en la propia ruleta, dispuestos atendiendo a los estudios llevados a cabo sobre probabilidad. Y no es ésa la única contribución interesante en lo que al juego online se refiere, también perfeccionó calculadoras y dedicó horas a calcular la probabilidad en los juegos de dados. En un principio esta primitiva ruleta no estaba pensada para ser usada en casas abiertas al público sino que más bien eran un pasatiempo que los franceses podían instalar en sus casas para el divertimento de sus amistades.

De hecho, y llegado el momento, las casas de juego y casinos comenzaron a comprobar la escasa rentabilidad que ofrecía el juego para sus intereses. De ahí que se buscara realizar alguna modificación para conseguir mayores ingresos (demasiadas probabilidades de ganar como para hacer funcionar un negocio). Así, durante la primera mitad del siglo XIX, los hermanos franceses François y Louis Blanc abrieron su propia casa de juegos con una versión de la ruleta en la que incluyeron un 0, pasando de 36 a 37 números, pero destinando ese nuevo casillero de la ruleta a la propia banca. Se trató de un sencillo cambio que pronto se tradujo en el comienzo de una nueva era para la ruleta, había nacido la Ruleta Francesa o Ruleta Europea (el propio nombre del juego está basado en cómo suena “ruletita” en francés).

Los Blanc fueron perseguidos en su país hasta que terminaron cerrando el negocio y se trasladaron a Luxemburgo para comenzar de allí su expansión, que culminó, ya habiendo fallecido Louis, al asociarse con la familia Grimaldi, cuya mala fortuna les llevó a perder todas sus posesiones excepto un pequeño pueblo costero del sur francés, Mónaco. Fue allí donde François y el Príncipe Carlos III unieron una gran idea y las herramientas perfectas para ejecutarla, surgiendo el casino por excelencia y más conocido mundialmente, el Casino Montecarlo, levantado a base de giros de la nueva ruleta.

Desde el cambio introducido por los Blanc, la Ruleta Francesa no se ha visto modificada, quedando sus reglas y características totalmente definidas y normalizadas: Contiene los números del 0 al 36 y retiene las apuestas a rojo/negro o par/impar y otras simples de este tipo si la bola cae en el cero (aunque el jugador puede elegir recuperar nada más que la mitad de la apuesta.  Si bien esta es la más extendida a nivel global, la Ruleta Americana tiene mayor protagonismo en los Estados Unidos.