La tradición de las carreras en los casinos mexicanos

Hipódromo de las Américas - Royal Yak

Las carreras de caballos y las carreras de galgos son un reclamo ideal para el mercado de las apuestas por la facilidad que ofrecen los operadores a la hora de que un jugador confíe su dinero a un puesto o a un número concreto. La emoción de estos campeonatos atrae a un gran número de adeptos, ya sea como turistas, como jugadores físicos o como usuarios online.

Pero, a pesar de su popularidad, son pocos los países que pueden tratar estas disciplinas como una adquisición comercial. Se necesitan potentes infraestructuras y un caché alto para que jinetes y amaestradores utilicen un territorio como lugar de práctica. A día de hoy Australia, Estados Unidos o Reino Unido son de los países más fuertes en este sentido y también México se ha ganado por méritos propios el estar en dicha lista.

Esto se debe a una amplia tradición existente en el país americano en lo que a competiciones de potros se refiere y que se remonta varios siglos atrás. Gracias a ella es que la sociedad mexicana hizo un hueco en su tiempo de ocio a las carreras y a apostar en ellas. Los diferentes hipódromos construidos en el último siglo no son fruto de la casualidad y traían consigo el beneficio de las apuestas.

Los principales casinos online mexicanos no tardaron en absorber gran parte del mercado para exponerlo en la red a jugadores de todo el mundo, aunque la verdadera característica especial reside en los casinos físicos más importantes de México. Sus magnates no solo decidieron abrirse a este mundo, sino que optaron por contar con instalaciones para la celebración de carreras in situ. Una expansión que ya se ha hecho habitual en todo el territorio.

Influencia española

Los primeros coletazos de carreras de animales llegaron a México en el siglo XVI. La figura del español Hernán Cortes fue muy importante en este aspecto, ya que una expedición comandada por él llegó a Veracruz con intenciones comerciales. Para facilitar las negociaciones y demostrar su valía ordenó a algunos de sus hombres que realizaran una competición a caballo de un punto a otro para ver quién llegaba más rápido. Al hispano le encantaban este tipo de prácticas y no dudaba en plantearlas.

Muchos aristócratas de la época se contagiaron del espíritu competitivo de Cortés y tomaron como referencia sus desafíos. Aunque sería con la llegada de personajes importantes venidos de Inglaterra y Estados Unidos cuando se terminó de desatar el fenómeno de las carreras. En estos países ya eran habituales estas competencias y al llegar como enviados a México solicitaban que se construyeran pistas para recrearlas.

La llegada de los hipódromos

Así es como los primeros bocetos de hipódromos llegaron al país. Las altas sociedades se habituaron a reunirse en estos recintos a tratar temas de negocios y al mismo tiempo disfrutar de algo de riesgo apostando dinero en las carreras. Los más expertos pedían información sobre los caballos para poder trazar sus planes de apuestas. Pero incluso en los escalones más bajos de la sociedad era popular reservar algo de dinero para jugarlo al jinete más confiado.

Tanta era la afición por lo que empezaba convertirse en un deporte, que las autoridades mexicanas decidieron construir los primeros hipódromos. El que dio luz verde a todos los demás fue el de Indianilla, de Ciudad de México, que ya llegó con toda su estructura bien montada para permitir el sistema de apuestas que se mantiene a día de hoy.

Ya en el siglo XX se construiría el Hipódromo de las Américas, uno de los más importantes del estado federal. Tenía tribuna con capacidad para unas 20.000 personas aproximadamente, establos y ofrecía la posibilidad de que se organizaran también carreras de galgos.

Inversión segura para los casinos

Con un mercado tan jugoso en juego era normal que los casinos favoritos de los mexicanos hicieran un esfuerzo por ofrecer la mayor combinación de mercados posibles para las carreras. Tanto así que muchos de ellos se lanzaron a tener su sede muy cerca de un hipódromo, para que así la emoción del cliente se proyectara en vivo y en directo.

El Casino Royal Yak se instauró justó al lado del Hipódromo de las Américas para aprovechar sus localidades. La ubicación y los accesos son inmejorables y eso le ha llevado a ser uno de los casinos físicos con mejor reputación en México y el más grande del país.

Especializado en carreras y con disponibilidad las 24 horas del día se encuentra el Casino Hipódromo de Tijuana. Los galgos están muy bien cuidados en esta sala de juegos situada al sur de California en la frontera con Estados Unidos.

Además de estos dos principales, hay más casinos que operan en el óvalo de Sotelo, aunque no sea en el propio recinto en el que está instaurado el casino. Múltiples opciones para un deporte que mueve mucho a niveles económicos y que cada día se va especializando más. Una experiencia de la que México puede disfrutar como marca la tradición.